Kinesiología de catástrofe:

Experiencia Haití 2010 

Lic. M. POLONSKY, Abril 2010

Luego del terremoto sucedido en la República de Haití el día 12 de Enero del corriente año, del gran número de víctimas, se observó que un importante porcentaje presentaban secuelas incapacitantes, de diferentes grados, imponiéndose entonces la necesidad de un equipo multidisciplinario de rehabilitación.

A solicitud de la OPS, por intermedio de la Dirección Nacional de Rehabilitación se hizo presente un grupo de la República Argentina a través de sus Cascos Blancos, con dos equipos de profesionales, pertenecientes al Instituto de Rehabilitación Psicofísica del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

  • 1° Equipo: Lic. Klga. Verónica Kazah, Lic. Klga. Soledad González y Dr. Alberto Rodríguez Velez.
  • 2° Equipo: Lic. Klga. Florencia Echegaray, Lic. Klga. Marcela Polonsky y Dr. Ricardo Viotti

 

El objetivo del viaje fue relevar los pacientes, recursos físicos y humanos en la zona de frontera entre República Dominicana y República de Haití, evaluar la situación de dichos pacientes y planificar una estrategia de acción acorde a dicha evaluación, comenzando con la asistencia kinésica.

El viaje tuvo lugar entre el 4 y el 14 de Febrero del corriente año, centrando la actividad en el Hospital Buen Samaritano y Centro Nutrición en localidad de Jimaní, República Dominicana y en el Campamento “Love a Child” en Fond Parisien, República de Haití.

El trabajo comenzó en Jimaní el 5 de febrero con el relevamiento de los pacientes del Hospital Buen Samaritano.

Se diseñó una ficha de evaluación y seguimiento en rehabilitación para informar el estado de cada paciente, el tratamiento efectuado, el equipamiento indicado y el plan sugerido para continuar en las siguientes etapas.

Este hospital, presentaba un edificio central, dónde se realizaban las cirugías y servía de hospedaje para el personal médico y los voluntarios de los cuerpos de paz. Alrededor del mismo, había 3 carpas de circo instaladas. Cada una de estas tenía un equipo de profesionales de la salud a cargo y alojaba unos 30 pacientes y algunos de sus familiares. Además, en lo que solía ser la capilla del hospital estaba instalada lo que sería el sector de pediatría. En el terreno de al lado, dónde solía haber un orfanato, inicialmente, también se alojaban pacientes, pero finalmente quedó vacío.

Cada una de estas áreas (carpas, capilla, orfanato) funcionaba con un equipo de salud (enfermería, traumatología y ortopedia, pediatría, cirugía plástica, emergencia y salud mental) de diferentes nacionalidades, además de voluntarios locales que cumplían el rol de traductores permitiendo la comunicación con los pacientes.

El número de sujetos inicialmente atendidos en este establecimiento, fue reduciendo paulatinamente, en la medida que se los médicos consideraban que los mismos presentaban el alta clínica y quirúrgica para poder ser derivados al centro hospitalario instalado del lado de Haití, en Fond Parisien.

Al momento del inicio de nuestras actividades, la rehabilitación en el centro de salud del lado de República Dominicana estaba cubierta por una sola terapista física de Estados Unidos.

Se relevó también el Centro de Nutrición de Jimaní. En el mismo se alojaban aproximadamente 20 niños de 1 a 15 años, muchos de ellos sin familia por la catástrofe. El 13 de febrero se desactivaron las funciones de ese centro provisorio porque todos los niños fueron derivados, habiendo mejorado su estado.

Asimismo se concurrió al Campamento “Love a Child” en Fond Parisien, República de Haití, donde nuestros equipos de rehabilitación se incorporaron a la única terapista física  existente, realizando actividades básicamente asistenciales.

Dicho centro fue incrementando su capacidad operativa en los días sucesivos hasta albergar, dato del día 13 de febrero, 250 pacientes de los cuales la mitad  aproximadamente  requerían prácticas de rehabilitación. Parte de este incremento se debió a que algunos de los pacientes de los centros Dominicanos comenzaron a ser trasladados  a su propio país apenas se consideró que su situación clínico-quirúrgica lo permitía.

En el campamento “Love a Child”, la repartición era similar en cuanto a que presentaba un edificio central donde se realizaban las cirugías, y en el terreno de alrededor, había instaladas múltiples carpas. A diferencia del otro hospital, en este las carpas eran pequeñas y alojaban entre 2 y 3 pacientes junto a sus familiares. La distribución de las mismas era en calles de 8-9 unidades cada una, habiendo un total de 10 hileras al momento de terminada nuestra actividad.

Las patologías evaluadas en la totalidad de los centros, fueron en su mayoría secuelas traumatológicas, siendo las fracturas de miembros las de mayor prevalencia, siguiéndole la amputación de MMII, y de MMSS. También se observó la presencia de lesiones traumáticas de la piel, lesiones de nervios periféricos y algunos pacientes presentaban varias combinadas.

La población relevada estaba compuesta mayoritariamente por adultos jóvenes, y existía gran presencia de niños.

En cuanto a los materiales necesarios para la rehabilitación, ambos centros (Htal. Buen Samaritano y “Love a Child”) contaban con depósitos dónde se podían encontrar muletas, andadores, vendas elástias, bandas elásticas, ortésis varias. El mayor déficit era en calzado para los pacientes. Aunque en un principio parecía haber para todos, la gran demanda hizo que esto escasee.

La actividad asistencial, fue planificada de acuerdo a las necesidades particulares evaluadas en cada caso. Básicamente se le enseñaban ejercicios de movilidad activo-asistidos en cama, equipamiento, bipedestación y marcha según posibilidades. Además se puso especial énfasis en la educación del paciente y su familia sobre la patología, su pronóstico y el porqué de cada pauta de tratamiento. La importancia de este último punto radicaba en poder asegurar la continuidad del proceso de rehabilitación una vez que equipo se retirase del campo.

 

Los principales puntos de acción fueron:

  • Flexión progresiva de la rodilla. Esta complicación fue predominante en los pacientes tratados con tutores externos, principalmente a nivel de fémur, o en aquellos que tenían tutor tanto en el muslo como en la pierna. Esto podría deberse por un lado al miedo de mover el miembro ante la presencia de esa estructura extraña para el paciente, y por el otro al dolor generado por la tensión muscular (sorbetodo en el Tensor de la Fascia Lata, por la ubicación del tutor) al intentar flexionar la rodilla. A largo plazo esto generaría una alteración en la marcha y en la posición de sentado del paciente, provocando minusvalía en un paciente que podría tener una recuperación completa o casi completa de la función del miembro.
  • Carga de peso progresiva en ambos miembros inferiores. Por miedo, dolor y desconocimiento, los pacientes o no deambulaban o lo hacían sin cargar peso en el miembro inferior operado.
  • Corrección del vendaje del muñón (material y técnica) y educación del paciente y su familiar. La mayoría de los pacientes con amputación presentaban un vendaje realizado con vendas elásticas autoadherentes. Estas, agregan tensión en cada vuelta, generando una compresión excesiva a nivel del muñón. Por tro lado, la técnica de vendaje, la mayoría de las veces no era la correcta, realizando vendaje circular y con mayor presión a nivel proximal que distal, todo lo cual se contrapone con el objetivo del vendaje en este tipo de pacientes que es disminuir el edema y dar forma al muñón, para el posterior equipamiento.
  • Correcto posicionamiento. Fue tarea importante también enseñar el correcto posicionamiento de los miembros, principalmente a los pacientes amputados, pero también a aquellos con otro tipo de lesión, para evitar retracciones en posturas viciosas que dificulten la función del miembro y el posterior equipamiento en caso de necesitarlo.

 

Conclusiones:

La falta de atención kinésica puede generar complicaciones que, o bien prolongan los tratamientos innecesariamente, incrementando costos y disminuyendo la calidad de vida; o bien limitan al paciente de forma permanente, coartando la reinserción del mismo en la sociedad, generando una minusvalía o discapacidad mayor que la propia de la lesión. Es fundamental evitar ambos tipos de dificultades en catástrofes de esta magnitud en que el número de lesionados implica un alto porcentaje de la sociedad y sobretodo, sujetos en edades productivas, generando, no sólo una persona, sino una sociedad completa discapacitada, disminuyendo su posibilidad de avanzar y recuperarse.

El kinesiólogo, como parte esencial del equipo de rehabilitación, brinda función y por lo tanto, calidad de vida. Esto puede ser considerado secundario cuando está en juego la supervivencia de un paciente. Sin embargo, una vez pasado el momento crítico, es primordial la participación temprana del rehabilitador, para disminuir al máximo las complicaciones futuras, y por lo tanto, debería formar parte del equipo de respuesta rápida a catástrofes.

KIM - Kinesiología para la Mujer

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