Un niño dispone de todo el tiempo del mundo: tiempo para jugar, tiempo para estar ocioso, tiempo para ser feliz.  En el mundo moderno, el tiempo es oro. Sólo en la infancia, el tiempo es placer.
Tomemos como ejemplo una actividad tan simple y cotidiana como caminar. A veces estamos tan apurados que ni siquiera somos conscientes de estar caminando. Tratando de aminorar la marcha, es posible sentir cada paso. Dejar que el cuerpo camine, dejar que nos lleve de paseo, dirigir la atención en la sensación de caminar. De esta forma, es posible sentir el placer de estar vivo, de movernos libremente sin preocupación.
Es importante volver a sentir placer en las cosas que hacemos, aunque no las hagamos por placer. Disfrutarlas, vivirlas y no intentar atravesarlas lo más rápido posible. Así en vez de menos tiempo, vamos a sentir como los días duran más, y que hicimos muchas más cosas que pudimos disfrutar.
Aprender a llevar la atención a nuestro cuerpo, mientras realizamos una actividad, y vivenciar las sensaciones y emociones que esto nos despierta, nos hace estar mucho más vivos y en contacto con nosotros mismos.

 

Propuesta para este fin de semana:

                  Aminoremos la marcha y percibamos el placer de caminar. Percibamos nuestros pies, nuestras raíces.

                  Después Me cuentan como les resultó!
 

*Basado en la espiritualidad del cuerpo – Alexander Lowen. Paidós Conextos. 2011

Editorial  - M. POLONSKY, 10 Agosto 2012​​​​​​

KIM - Kinesiología para la Mujer

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